Yaxchilán: “Un bosque de Reyes”.

Sus estelas narran la historia de sus gobernantes. Un paseo entre la naturaleza y la insondable cultura maya.

La estructura XXIII refleja el poderio de Pájaro Jaguar.

La estructura XXIII refleja el poderío de Pájaro Jaguar.

Palenque, Chiapas.

Enrique Romero.

“En el pasado distante, una ciudad brillante y blanca embelleció las empinadas colinas que delinean la enorme curvatura en forma de herradura de la orilla occidental del gran río conocido hoy como el Usumacinta. Uno de los primeros visitantes a las ruinas de la otrora magnífica ciudad, Teober Maler, la nombró Yaxchilán (Piedras Verdes). Desde que Tatiana Proskouriakoff fuera pionera en el estudio de sus inscripciones, este reino ha sido fundamental en la recuperación de la  información histórica sobre los  mayas”.

Estructuras de singular elegancia en la Gran Plaza.

Estructuras de singular elegancia en la Gran Plaza.

Así inicia la prestigiada epigrafista y arqueóloga Linda Schele su conocida obra sobre Yaxchilán titulada “Un Bosque de Reyes” en la que relata con la precisión de investigadora científica, pero con el talento de una novelista, la historia de los gobernantes más relevantes de la milenaria ciudad que aún hoy sorprende a los visitantes, no solo por los hermosos grabados en piedra que relatan su historia y sus imponentes y elegantes edificios de grandes terrazas, sino también por la exhuberancia de la selva que la rodea, cuya vegetación repta, se cuela y anida, entre las míticas construcciones mayas, como el misterioso Laberinto, por donde se accede a la Gran Plaza que tiene del Usumacinta una espléndida vista panorámica.

El Laberinto da acceso a la Gran Plaza.

El Laberinto da acceso a la Gran Plaza.

“En el auge de Yaxchilán, los visitantes que llegaban en canoa vieron edificios arracimados a lo largo de la estrecha  y curvada orilla que contuvo y definió la ribereña entrada natural a esta comunidad rica y poderosa. La Ciudad ascendía en  filas de anchas y  macizas terrazas, construidas contra la cara de las selváticas colinas. La Ciudad ascendió como una ciudadela natural, impasible junto al río poderoso”, relata la autora, y desde la barca que se aborda en Frontera Corozal se corroboran sus palabras.

El Usumacinta conduce a Yaxchilán y a su pasado.

El Usumacinta conduce a Yaxchilán y a su pasado.

El sólo paseo en lancha por el impasible y serpenteante Usumacinta, de aproximadamente una hora, vale en si mismo la pena, porque hace posible una transición mental entre el presente y el pasado. El Usumacinta, el más caudaloso de Centroamérica, se convierte así en un túnel del tiempo que nos conduce a una ciudad perdida entre la selva lacandona, justo frente a el Petén guatemalteco, donde grandes reyes como Escudo Jaguar y su hijo Pájaro Jaguar (cuyo templo XXIII es el más imponente de la ciudad) alcanzaron el cenit del poderío de Yaxchilán, guiados por los sabios consejos de una poderosa dama, la principal mujer de Escudo Jaguar, Lady Xooc, representada en bellísimas estelas que testimonian su importancia política y religiosa.

Escudo Jaguar consolidó el poderio de Yaxchilán.

Escudo Jaguar consolidó el poderío de Yaxchilán.

“Desde los templos construidos  en las cúspides de los acantilados más altos, los señores de Yaxchilán dominaban el panorama aplastante del verde y rico bosque, extendido, en el lejano lado del río, todo el camino hasta el brumoso horizonte en el nordeste. La luz del amanecer en el solsticio de verano se derramaría sobre ese horizonte para brillar a través de los umbrales oscuros de los santuarios reales cuya presencia declaraba la autoridad del Ahau (gobernante) de Yaxchilán, sobre todos aquéllos que vivieron  debajo”.

Extraordinario trabajo de lapidaria en dinteles y estelas.

Extraordinario trabajo de lapidaria en dinteles y estelas.

La estampa que brinda la obra de la arqueóloga es evocadora, y la experiencia de estar sobre esos mismos templos, unos mil 300 años después, percibiendo el aroma peculiar de la selva, con su pegajosa humedad, dispara la imaginación. La descripción acuciosa de Linda Schele se proyecta en nuestra mente, alejada del bullicio urbano, como una realidad alterna; en un viaje virtual al pasado que perder conexión con el presente, desde el que admiramos los logros, y nos desconcierta el inesperado fracaso, de los mayas de las tierras bajas. Todo ello aunado al rugido de los saraguatos, el bullicio de los monos araña, la regia presencia de la multicolor guacamaya o el pájaro péndulo, pariente del quetzal, como la de otros animales más que aún se pueden observar en Yaxchilán en su estado natural.

Milenarias construcciones que evocan la grandeza del pasado.

Milenarias construcciones que evocan la grandeza del pasado.

Ninguna ciudad maya aportó tanto como Yaxchilán -y su vecina y eterna rival, Piedras Negras- en el descubrimiento y estudio de la escritura maya. Fue en estas dos grandes ciudades del Usumacinta, con obras maestras de la lapidaria maya, donde Tatiana Proskouriakoff, pionera en el estudio de sus inscripciones, encontró su “Piedra Roseta” que le permitió, a ella y todos los que la sucedieron, descifrar para el mundo los nombres de los gobernantes, sus luchas por el poder, sus intrigas y ambiciones, nacimientos y muertes, clímax y ocasos de esta ciudad que, como toda mujer incitadora, aún guarda secretos para continuar cautivándonos.

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